Uno se siente pequeño (parte uno)
Desde hace meses me he reencontrado con el niño que fui (no se si he dejado de serlo alguna vez) y para disfrutar de lo que siempre he sido, me he dedicado a mi propia reminiscencia, ¿y que mejor que encontrarte donde siempre has estado creandote?. Este tipo de pensamiento me llevo hace unos dias a Libertad 8. Un sitio de Madrid donde hace tiempo se me identifico con Hesse, un lugar donde lo más granado de la gafapasta lee y escribi para demostrarse a si mismo que son creyentes. Pues allí estaba yo, completamente mimetizado con el ambiente, leyendo el libro “elogio a la infelicidad” de Emilio Lledo. Estaba absorto en aquellas estrofas (no por interesantes, sino porque no las entendía) cuando una figura femenina entro por la puerta. La joven miro a las mesas del lugar y todas estaban llenas de gente con un libro en la mano o de algúnos conversando sobre la metrica de la poesia de Hernandez. Ella pidió en la barra del bar y se me acerco (no por guapo, que no lo soy) sino porque era la unica mesa que estaba habitada por una sola persona. Me pidio educadamente que si se podia sentar y allí se quedo. Yo seguí absorto en el origen de la infelicidad que marca Lledo en su libro durante más de media hora; al tiempo me desengañe y deje el libro por imposible, no entendia nada de lo que allí marcaba o me era tran intrascendente que me era imposible entender la comparación entre una figura de un soldado y la republica de Platón. Al levantar la vista del libro, me encontre con la imagen de la joven leyendo una revista. Ella me miro y me dijo:
- “¿Te ha gustado el libro?”
- No te puedo decir, porque la verdad no lo entiendo –respondí.
- Te entiendo. Yo la verdad que no suelo leer mucho, porque me pasa muy a menudo como a ti, no entiendo lo que leo.
Esta frase me toco en lo más profundo de mi ego, ¿quién era esa joven para decir tan a la ligera que no entiendo la mitad de lo que leo?,
- Hombre, entiendo bastante de lo que leo. Rara vez me sucede esto, algunos libros son casi indescifrables para el lector sino tiene una explicación del propio autor..... pero vamos, no es lo habitual.
- Lo siento si te he ofendido; pero vamos conmigo no rectifico, yo no entiendo más de la
mitad de los libros que tengo en casa, y por eso no leo. Me dedico a leer revistas del corazón o alguna como esta –señala al quo que tiene en la mano- que tiene cosas interesantes. Por cierto me llamo Sandra, ¿y tú? –respondio ella.
- Carlos, me llamo Carlos.
En los siguientes minutos, la conversación transcurrio por las idas y venidas de toda conversación entre dos personas que no se conocen de nada. Como en ese tipo de viajes en los que te da un poco igual el destino de llegada porque no te interesa lo que vas a ver. Pero era relajante, era una conversación que hacia menos daño que el vino que habia en la mesa.
Al tiempo, ella se sincero y empezo a hablar de su vida (no se porque extraña razón tengo la capacidad de que la gente me cuente sus penas), justo en ese momento sabia que tenia que callar y escuchar lo que ella decia:
- “En mi vida, aunque sea un chica joven (Sandra tiene 25 años) ha habido tanta gente de paso, que si hiciese una autobiografia tendria que ser el acomodador”
Esta frase la lanzo como el que se saca un corcho de la garganta. Al decirla se veia en su cara como todo una historia de odio y rencores salia por su boca. Pero se veia contenta y era de admirar...
- “.....tampoco me puedo quejar, en mi vida ha habido buenos tiempos. Esta claro que siempre llegaron cuando era mucho más joven, cuando todavia no conocia ni el remordimiento, ni en ese aspecto de vida que te deja sin ganas de seguir, aquello que llaman “cansancio vital””
Al contrario de lo que normalmente haria, intentar quitar hierro al asunto y contar las estupideces que me estan ocurriendo en mi vida la cara de ella hacia que el silencio se tuviera que respetar, que los tiempos muertos decian más que los libros de Reverte, que todo silencio era necesario para que ella pudiese convencer a las lagrimas para que se quedaran dentro del lagrimal. Cada frase que lanzaba era una carga que se quitaba de encima, y no me quedaba otra que tener que “aguantar” allí la descarga moral que, por supuesto, Sandra, y todo humano, necesita.
- “ ..... se que soy joven, que tengo una vida por delante, pero envidio la vida normal de la gente de la calle. Llevo años buscando escaleras abajo el cielo y no he caido en la cuenta de que estaba volando a ciegas en la funda de un paraguas. Hoy he venido a Madrid para desconectar de todo. Hoy he dejado mi trabajo y hace dos meses he dejado a mi novio de nueve años de relación. Ambos me hacian daño”.
Estas dos últimas frases las lanzo con tanto odio que en sus ojos se veia como lo más solido de su existencia salia por su boca. Habia sido escogido como “psicologo de bar”, y no tenia otra opción que tener que estar allí delante mientras Sandra escupía con odio todo lo jodido de su existencia.
- “ .....Tenia que reaccionar. No es bueno que te odien, pero en las malas condiciones en las que te mete la vida, acabas por aceptar que hay situaciones que sólo se consiguen cuando sustituyes tu propia memoria por el rencor. Por eso es bueno sacar de vez en cuando la boca por encima del culo, para poder respirar algo que no huela a heces. Me dí cuenta de que hay mejores opciones que esperar sentada en la calle a que el viento cambie los portales de acera. Es cierto, que es necesario tener a alguien para que cuando te mueras te cierre los ojos, pero hay que ser selectivo para quien haga esto.”

